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lunes, 10 de octubre de 2011

XVI

Amasé tus ojos cual sendos templos
te dí mi aliento por si te faltara.
Mi energía activó tu cuerpo,
robé mil plumas y te hice alas.

Lo inherente al Ser traje a tu diestra.
Y en mi diestra no quedó nada, sólo el rumor del tiempo
que algún día precisaras.

Los libros sobre alquimia,
el saber de los no sabios,
la esencia de la vida,
la risa de mis labios.

Te hice monstruo, tan fuerte y grande
te hice suave, tan insondable
te hice amor.

 Te hice arte.

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