Follow by Email

sábado, 30 de abril de 2011

Poesía (para la revista La K-berna)

Es curioso que a pesar de haber pasado tantos años entre artistas, nunca me hicieran esta pregunta.
¿Qué es la poesía?
Preguntó un fulano con errores de ortografía.
Al principio elegí no responer, plena época de interrogantes inconclusos. No más, desde hoy certezas.
Mentira, una pregunta es una pregunta y las certezas están en el nivel 14. Será para otra vida.
Mejor a buscar.
¿Qué es la poesía?
¿Qué es? ¿Poesía? ¿Qué poesía es?
La poesía. La poesía es.
Es subjetiva, es objetiva, es.
Pasional, melancólica, pequeña, abismal. Fría tibia caliente.
Cercana, lejana, más o menos, neutral.
Es para uno, es para todos.
Una porción del mundo, una totalidad.
Es lo brindado, es lo egoísta.
Es amor, es odio, es calma. Es tempestad.
Hombre mujer andrógina tolerante tirana paranoica llena vacía.
Es algo que brota de las venas, es algo externo que se mete bien adentro, bien adentro. Del alma. Del cerebro. Del corazón. Del pie derecho con el que se levantan a la mañana algunos diestros.
Poesía es ideología, o no. Es política, es moda, es vanguardia, es naftalina, es un grito de silencio lleno de guerra y paz.
Poesía. Poesía es.
¿Eso es poesía?
No.
Poesía es poesía, así de simple.
¿No te convence mi respuesta? Te regalo la pregunta entonces.
¿Qué es la poesía? No tengas miedo de buscar.

martes, 26 de abril de 2011

Amame

Besame fuerte, tengo miedo.
No me sueltes aunque lo pida,
que mi vestido se cae solo.
Aunque lo niegue es pudor,
nada más.

Abrazame toda, que soy chiquita.
Mostrale al mundo que soy frágil,
que me rompo, que quiero hiur.
Cuidame en tu abrigo,
que la noche se vive en mí.

Acariciá mi piel, deseame.
Memorizá mis lunares
porque llevan tu nombre.
Hasta los que no conocés.
Los que desconozco.

Amame como un loco, no temas
que para temor estoy yo
y mi vestido se cae solo.

11:11

Siempre tuve una relación extraña con el reloj, fue mi secreto durante años. Un día en un restaurant vegetariano decidí que, al fin y al cabo, no era algo tan grave. No hay que ocultar lo que uno es. A lo sumo alguien se  puede asustar, pero la gente se asusta de todo hoy en día. Yo me asusto de todo, bueno, ya no, pero me asustaba. Hoy tengo menos miedos, sobre todo al reloj, que antes era mi secreto. Hoy no lo es.
Las 11:11.
¿Cuándo fue la primera vez? lo recuerdo bien, las 11:11 se cargan cada vez de más recuerdos. Son mi momentoespecialentretodaslasformasposiblesdelreloj. Me gusta, sí, me gusta. No se bien qué, hasta hace poco me conformaba con menos cosas que me gustaran, hoy tengo que compensar. Aquel día no eran las 11:11, pero lo fueron antes y después. Lo fueron cuando tomaba mate y nombraba cosas que no quiero escribir, aparecieron con amigos, con mi madre, en soledad. Con la soledad.
Am, pm, am, pm... y así.
Ya no son las 11:11, pero lo fueron, hace no mucho. Te hablé pero no te conté mi secreto del reloj, no aún, pero lo haré.

sábado, 23 de abril de 2011

En conjunto con mi Carla - Alejandra (de tu Alfonsina)

Soy una porción de tus partes, la porción más deliciosa
Soy una caja que guarda tus enteros,
Soy la trampa de tus soledades
La trampa más retorcida
La trampa más osada
Soy la grasa, el aceite de tu boca
Soy la manzana podrida que te encanta comer
Y pienso provacarte una explosión espiritual, porque te gusta,
Porque el dolor te excita
Porque buscas olores repugnantes
Me pedís que te vuelva loco
Y yo soy una enferma enfermandote el alma
Porque la enfermedad es lo que une nuestras almas para siempre

Ensayo sobre la culpa

Tan cerca, tan lejos, tan cerca ¿es mi culpa? Es mi culpa. Me lo dicen siempre, lo oí de chica, lo supe desde antes de nacer. Todo es mi culpa, mi enorme responsabilidad: la culpa es la porción del mundo que no puedo compartir con nadie, el sitio en que estoy irremediablemente sola. Culpable y sola. Sola por siempre.
Lo tengo incorporado, lo recuerdo en mi casa, en el trabajo, en mi ocio, en mi cama. En mis sueños soy culpable, en mis sueños nadie me ayuda, ni me quiere, ni me entiende, ni me escucha. Porque soy culpable, simplemente.
Al crecer sabiéndome culpable no logré dejar espacio para el amor, porque el culpable está solo y no ama, y si ama no puede ponerlo en palabras, y lo que no tiene su correlato hablado es un fantasma que vaga en el metro cuadrado privado y no se puede mover de él. Meterse en el metro cuadrado de un otro implicaría darse a conocer, y los culpables- solos no tienen permiso para hacer eso.
- Mamá, ¿puedo?
- No.
Pasaban los días y Roberto seguía igual. Se estaba ahogando, ya había perdido la esperanza y el asco por el vino barato. Tomaba para no pensar, no pensar en ella, que no era nadie y era el Cosmos a la vez. Eso era, la contradicción entre el todo y la nada, un ente repulsivo al que no podía dejar de amar.
De momento se limitaba a ir al chino en pijama, ya sin trabajar, sin leer, sin darle de comer al gato. Todo quedaba en un tirarse en el sofá a pensar en ella y comer esa porquería enlatada que antaño tanta repulsión le producía.
Ella no era hermosa, tenía pocas curvas y una risa insoportable. Pero Roberto la quería.
Ninguno de sus amigos comprendió cuando comentó estar en una relación con la camarera del buffet de la universidad en la que trabajaba, pero qué más da, Roberto la quería. Fea, poco inteligente, tosca, predecible. Se volvió una droga difícil de hallar.
Todo se daba tan normalmente... todo en ella era tan común que Roberto la pensaba eterna. Uu día se fue. Sin más, Roberto llegó y ella ya no estaba allí. El teléfono sonó pero no era ella. Ella nunca llamó. Llamaron del trabajo, del club de polo, los del grupo de ajedrez. No era ella, nunca era ella. Ella no llamaba y el aire se volvía más pesado a medida que la barba le crecía, desprolija como nunca.
Hoy Roberto estaba ahí, con su lata y su vino inmundo, mirando fijamente el teléfono. Ya se que no me vas a llamar, ignorante. No me vas a llamar y yo me voy a conformar con amarte entre mis cosas que ya no son tuyas. Tu simpleza es tan compleja que no vas a llamar.
El teléfono sonaba, y Roberto con su lata en la mano deseó que no fuera ella...

Para el concurso del blog Reducto 23

Pasan los días, la locura del reloj me quita claridad. Ya no puedo reconocer el momento, aquel punto clave en que nuestras almas dejaron de fluir. A cada paso que doy te veo y no te veo a la vez, los sentidos se me han vuelto enemigos y me pierdo en la ciudad. Todo es ajeno, grande,incomprensible. Me duele respirar.
Salgo, tengo cosas que hacer. No puedo, sí puedo. No. Así ya no. Y pensar que aquella vez creí que estaba ganando el juego, vida tramposa, destino ilegible. Ya no tiene caso proyectar, el día a día tiene sus encantos, al fin de cuentas nada malo puede pasar. Todo es cuestión de probar. Todo es cuestión de volar, de volar, de volar. Quiero volar. Volar con vos. Volar en vos. Tengo miedo, quiero volar.
De pronto me quedo en un rincón, oculta, chiquita. Soy espectador y el mundo sigue, no me puedo bajar ¿Qué vas a hacer sin mí, Mundo, si me bajo? No dejes que me confunda, no me dejes dar elsalto. No lo vale, lo que vale es aprender, lo que vale es soñar, soñar y buscar la felicidad. Y yo la busco, la busco más que nadie. Ese es mi modo, rodeando de llanto la carcajada me inclino hacia el abismo, miro hacia abajo, veo un punto y me lanzo a sus brazos. Brazos abiertos, aveces cerrados. Cómo duele seguir de largo y caer al empedrado, tal vez haya que calcular la variable de las ganas ajenas y no sólo las propias. Mentira, hoy quiero ser egoísta, hoy que ya no estás en mi vida y las posibilidades se potencian al cubo y no se cuánto más.
Es raro el acoso de lo que antes no existía y ahora me rodea, las palabras, las personas que salen de las alcantarillas, los proyectos, las ideas, los dolores, las esperanzas.No pudiste amarme, ya lo se, tal vez no quisiste, tal vez yo tampoco. Yo tampoco te amé. Te necesité, te dí, te interrogué, te perdoné. Me enojé, te odié, me arrepentí Y pensar que entre tantas cosas, me conformaba con tenerte. Mirá vos. Mirame vos. Yo tampoco te amé, pero te quise. Que te vaya bien.

Texto del anotador chiquito I

Tengo tanta tristeza que la confundo con odio.
Hoy no me nombrás, no me das existencia, me volvés un fantasma. Mi nombre en tus labios me da la forma, la ausencia me vuelve indefinida. Qué triste es no existir.
Qué triste es quererte.
Mi tiempo es joven pero se agota, mis agujas se derriten de tanto esperarte.
Ya no estoy tan segura de que quieras volver, ni de que mi deseo de seguir adelante sea un acto de valentía. Te quiero, te temo, te aborrezco. Te necesito, o tal vez no. Te necesito hoy.
Tu lejana cercanía me confunde y me hace débil, me hacés tan débil como siempre fui y traté de ocultar.
Ya no me nombres, yo ya no existo. Ya no te quiero.